
Zózima González Martino. Uruguay. IBECIENCIA. Comunidad de Educadores para la Cultura Científica
Este trabajo se refiere a la impronta de una reciente matriz cultural, que las nuevas tecnologías están dejando en las relaciones humanas. Introduce datos de investigación social y plantea la necesidad de que los centros educativos “abran sus puertas” para incorporar sus beneficios y trabajen en la construcción de una ciudadanía digital, con reflexión crítica para filtrar la información que circula en los nuevos espacios de conocimiento.
El hombre es un ser sociable por naturaleza pues, para satisfacer sus exigencias físicas y espirituales, necesita vivir en sociedad. No es autosuficiente, y requiere la ayuda y protección de los demás de su especie; por ello forma comunidades. Se relaciona en grupos: familiares, estudiantiles, comunitarios, laborales, sentimentales, etc.
Nos encontramos en una nueva matriz cultural en la cual las nuevas tecnologías están dejando su impronta en las relaciones humanas. La irrupción de las tecnologías digitales ha contribuido a la formación de importantes redes sociales en Internet, verdaderas comunidades virtuales que permiten a diversos individuos y grupos relacionarse e interactuar socialmente dentro de un sistema común. Al decir de Roberto Balaguer: “las redes sociales acercan a los lejanos y alejan a los cercanos”.
En el intento de comprender, descubrir y desentrañar el funcionamiento de las redes sociales en nuestra realidad latinoamericana, debemos reconocer que no responden a una definición unívoca, sino que construyen su significado en una pluralidad de sentidos.
Según la Real Academia Española: Una red es un conjunto o trabazón de cosas que obran a favor o en contra de un fin o intento común. Para Osvaldo Saidon, la red es una estrategia que habilita a relacionar las producciones sociales y la subjetividad que en ellas se despliega. Algunos autores las consideran como una forma particular de funcionamiento de lo social; otros, las encuadran como estrategias que guían acciones comunitarias e intervenciones sobre grupos vulnerables.
Dice E. Dabas que las redes sociales son: “un sistema abierto, multicéntrico, que, a través de un intercambio dinámico entre sus integrantes y con los de otros sistemas organizados, posibilitan la potenciación de los recursos y la creación de alternativas novedosas para la resolución de problemas y satisfacción de necesidades”.
Coincidimos con el autor en pensar que las redes son formas de interacción social, definidas por un intercambio dinámico entre personas, grupos e instituciones en contextos de complejidad. Sistemas abiertos - no son grupos cerrados - mediante los cuales se produce un intercambio dinámico –basado en la reciprocidad- tanto entre sus propios integrantes como con integrantes de otros grupos y organizaciones, posibilitando así la potencialidad de los recursos que poseen. Funcionan en construcción permanente, que involucra a conjuntos que se identifican en las mismas necesidades y problemáticas y que se organizan para potenciar sus recursos:
“Las redes son estructuras abiertas, capaces de expandirse sin límites, integrando nuevos nodos mientras puedan comunicarse entre sí, es decir siempre que compartan los mismos códigos de comunicación (por ejemplo valores o metas de actuación). Una estructura social que se base en las redes es un sistema muy dinámico y abierto,susceptible de innovarse sin amenazar su equilibrio” (Castells, 1997:507).
Esto nos habla del poder distribuido: las jerarquías remiten a las relaciones piramidales unidireccionales, las redes nos remiten a la multidireccionalidad –nodos-. Esto democratiza las oportunidades de pensar, reafirma los derechos de participar y potencia los efectos de las acciones. Cada miembro se enriquece a través de las múltiples relaciones que cada uno de los otros desarrolla; la riqueza de las redes está en la multiplicidad de singularidades.
Esta concepción tiene impactos en todos los aspectos de la vida institucional. Hoy en día, se hace cada vez más necesario partir del reconocimiento de la heterogeneidad de las instituciones, de los entornos y de las personas, con lo cual ya no podemos pensar en tener respuestas exitosas frente a mecanismos de convocatoria y participación masivos –homogéneos-, sino que tenemos que pensar en las particularidades, en las habilidades y saberes específicos de las personas, de los grupos y de las instituciones.
El principio de la cercanía en que se basan las redes, genera externalidades positivas sobre el territorio en que ellas se emplazan, tanto en el plano económico (reducción de los costos de transacción), como político (gobernabilidad de los clusters), y socio-cultural (creación de confianza entre actores y fortalecimiento de identidades regionales).
La escuela está atravesada por la red social y nocional: creencias, prejuicios, expectativas sobre roles, etc. La escuela es un entramado de relaciones sociales materiales que organizan la experiencia cotidiana y personal del alumno.
Las redes sociales son un referente de comunicación y socialización entre los jóvenes. Nuestro deber como docentes es conocer estas redes sociales y educar a nuestro alumnado en un uso adecuado y seguro. En el interior de estas redes se establecen relaciones más fluidas, que permiten la circulación de la información y de los recursos; por lo tanto, a cuantas más redes pertenezca una persona o cuantas más redes tenga una institución, más rica en recursos, en información y en procesos comunicacionales será.
Una de las consecuencias más importantes que tienen las relaciones sociales o redes que los individuos establecen, es la información que por ellas circula. Su importancia radica en que provee bases que facilitan la acción. Uno de los aspectos que más se destaca en la literatura, es la posibilidad de movilidad social que brinda el pertenecer a un sistema de vínculos, entre ellas, la posibilidad de acceso al mercado de trabajo.
Un estudio realizado por investigadores de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Montevideo (UM) analizó el impacto de las redes sociales y, en particular, de Facebook entre los uruguayos de 18 a 24 años. Un 78% de los jóvenes uruguayos tiene problemas para controlar el tiempo que destinan al uso de redes sociales, y un 76% admite que el uso de estas tecnologías forma parte de su rutina diaria.
La dinámica de relaciones de la red favorece al bienestar de las personas. También es cierto que sus debilidades, disfuncionalidades y desaciertos constituyen factores de alarma para la salud física y mental de los actores en red, así como para el colectivo. Ello demanda la comprensión del fenómeno social desde diversas ópticas cuyo carácter integrador y multidimensional sean la base de análisis pues mediante el estudio de la red se atienden eventos relacionados con el desarrollo, bienestar y funcionamiento de los individuos.
La escuela no puede quedar fuera de este movimiento cultural: “tenemos que educar en ciudadanía digital”.
Es necesario que la educación se haga cargo de una formación crítica para filtrar la información que circula en esos nuevos espacios y permitir una mejor construcción del conocimiento. La escuela no puede quedar afuera de este movimiento cultural que ha afectado la comunicación entre las personas tan rápida e intensamente. El ámbito educativo debería actuar como una ventana abierta al mundo al que se van a enfrentar los alumnos, por eso debe incluir en las prácticas el desarrollo de habilidades con nuevas tecnologías para el uso crítico y responsable.
Los adultos, más aún los docentes, tenemos la responsabilidad de aprender este nuevo lenguaje, que tiene otras reglas, que es diferente, para poder ayudar y orientar a niños y jóvenes a utilizar correctamente estas herramientas.
Los centros educativos deben responder a esta realidad sin intentar disuadirlos, sino encontrando maneras de seguir provocando su interés fuera del aula y atender a sus expectativas. Internet impuso uno de los más grandes desafíos al sistema educativo, el acceso libre y gratuito a la información.
La enseñanza tiende cada vez más hacia la interacción, alejándose de las ‘clases magistrales’ en las que el profesor habla y el alumno escucha. El uso de las herramientas sociales más populares sigue aumentando en la educación. Ahora, el control del conocimiento no lo tiene el sistema, lo tiene el usuario.
Hay mucho por aprender de las redes sociales y su utilidad en la enseñanza como el trabajo colaborativo y cooperativo, la filtración y selección social de la información, el intercambio y el debate de ideas, la evaluación crítica por pares de las fuentes de información, la consulta a especialistas, entre otras. Estas habilidades en las redes sociales es importante desarrollarlas para la formación de ciudadanos críticos en este mundo en el cual ya no existe frontera entre lo real y lo virtual.
Dentro de las aulas todavía sigue siendo difícil integrar las redes sociales, que se utilizan para después del horario escolar, para mantener el vínculo pedagógico alumno-profesor.
Las redes sociales dan al anónimo popularidad, al discriminado integración, al diferente igualdad, al malhumorado educación y así muchas cosas más. El concepto de redes alude a la noción de lo vincular y se asume como lenguaje de expresión de los mismos. Su lógica no apunta a una pretensión homogeneizadora sobre los grupos sociales, sino a la intención de organizar la sociedad en su diversidad, mediante la estructuración de “lazo” entre esos grupos, desafiando a la estructura piramidal de la organización social y proponiendo alternativas a su fragmentación y articulación caótica.
Las redes vinculares “espontáneas” están presentes en nuestras relaciones y actividades, y el sujeto podría definirse por la densidad de estas interacciones, pero su consolidación depende del reconocimiento consciente de esos intercambios y en la articulación de una intención compartida. Según Mario Róvere: “responde a diversos y sucesivos niveles de construcción, y deberá recorrer las instancias del reconocimiento, el conocimiento, la colaboración, la cooperación y la asociación para la organización de contratos sociales nuevos”.
Las redes proponen un modo de articulación multicéntrica, que permite amplios grados de autonomía de sus partes, tolera la fragmentación, busca organizar la heterogeneidad, articulando en “lazos” la diversidad. La unidad de análisis y acción de una red es la “unidad de vínculo”, en un comportamiento solidario. La canalización de emociones y sentimientos es uno de los aspectos resaltables de las redes, en ellas se presentan procesos de comunicación directa que permiten la generación de confianza y la transmisión de apego, amor y sentimientos así como la facilitación de intercambios instrumentales necesarios para la supervivencia como la ayuda en materia de bienes, servicios y de elementos que permitan un mejor nivel de satisfacción vital.

La investigación social aplicada ha mostrado evidencias incontrovertibles acerca de la importancia de las redes en las condiciones de bienestar, salud y calidad de vida de los individuos. Los estudios demuestran que una red social sensible, estable, funcional y activa genera mejores condiciones de satisfacción que repercuten positivamente sobre la calidad de vida, por ello, se afirma que la red posee carácter salutogénico .
La red social no anula la actividad individual ni suprime el protagonismo de las personas en la construcción de independencia para la definición de sus propios rumbos, sino que potencializa las habilidades de quienes la conforman para la toma de decisiones estructuradas que redunden en el bienestar y la estabilidad personal, contando con la base de recursos movilizados por los contactos y la cercanía ofrecidos por la red.
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